11 febrero 2007

DIARIO EXPRESO
Guayaquil :11 de febrero del 2007 REPORTAJE
CHARLANDO con...
"Mis ex alumnos me recuerdan
por la Literatura"

Dioselina Toral Zalamea

Personal Dioselina Toral Zalamea nació en Guayaquil el 19 de agosto de 1943. Es hija de Salathiel Toral Viteri, un ex dirigente deportivo de la ciudad, y Mélida Zalamea Montalvo. De familia numerosa, ella es la mayor de ocho hermanos, de los cuales seis son mujeres. Estudios Realizó sus estudios primarios en la escuela Gabriela Mistral, entonces anexa al normal Rita Lecumberri. La secundaria la inició en el colegio Americano, pero desde el segundo curso hasta graduarse de bachiller estuvo en el colegio nacional de señoritas Guayaquil. Trabajo Es profesora de la Universidad de Guayaquil tras graduarse con Premio Contenta en 1967. Y docente del colegio 28 de Mayo desde 1969. Ella es licenciada en Ciencias de la Educación, especialización en Literatura y Castellano; y también Máster en Desarrollo Educativo.

La Literatura se acerca a su fin. Al menos, como asignatura de los colegios técnicos. Lo dice, con evidente pesar, Dioselina Toral Zalamea, profesora de esa materia por 37 años en el femenino 28 de Mayo. Y desde hace 40, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guayaquil.“Es algo irreversible”, agrega. Refiere que su colegio, como los demás planteles técnicos de la urbe, han ido reduciendo las horas de clases destinadas a la Literatura en favor de las denominadas materias técnicas. Siguiendo la suerte de las desaparecidas ciencias sociales como Filosofía, Cívica, Ética o Psicología, la Literatura ha ido perdiendo espacio hasta quedar en dos horas de clases semanales. Y, desde el próximo período lectivo, según un proyecto de reforma, desaparecerá de tercero de bachillerato (antes sexto curso) y quedará con solo una hora en segundo (ex quinto curso). Por supuesto, es poco probable que las nuevas alumnas o los padres protesten. La Literatura no es muy popular entre los jóvenes. “Ni entre los ecuatorianos”, acota con su particular voz semirronca pero siempre alegre. Sin embargo, en la guerra silenciosa que libran los maestros contra la televisión y una sociedad cada vez más habituada a la imagen, ella afirma que consigue ganar sus respectivas batallas en las aulas del 28 de Mayo.“Cuando al fin de año hacemos una evaluación, las alumnas dicen que aprendieron a pensar, a conocer a su país. Y mis ex alumnas que me saludan en la calle, me recuerdan por por la Literatura”.¿Cuál es la fórmula para lograrlo? Su respuesta es surgida de la experiencia: “Hay que vincular la lectura con lo cotidiano, con la vida de las alumnas”.Por ejemplo, refiere que una de las obras que ellas prefieren es Momo, de Michael Ende. A pesar de lo distante que pudiera parecer la novela por la cultura, la época y el país en que está ambientada, el argumento se adapta fácilmente a la vida de las estudiantes: Un adolescente que busca ser escuchado y al final encuentra quien lo haga.Mas, tampoco se trata de rebuscar historias en la Literatura Universal, porque hay ejemplos en la Ecuatoriana. “Les fascina leer el cuento Conciencia breve, de Iván Egüez”, dice. Alude a la incómoda situación de un hombre infiel que, mientras se dirige a dejar a su esposa al trabajo, descubre un zapato de mujer en el interior del vehículo y lucha desesperadamente por deshacerse de esa prenda sin que ella lo note. “A las alumnas, la historia se les hace bastante agradable de leer. Y, sobre todo, conocida”.Pero, a su criterio, tampoco hay que descartar a la Literatura Universal. La Ilíada y la Odisea son obras que ella cree que se pueden leer con adolescentes de 15 ó 17 años, si se tiene tino para escoger los textos: “El pasaje de la despedida de Héctor y Andrómaca les encanta, la forma como el niño juega con el casco de guerra del padre, y detrás de esa escena están los valores de amor, fidelidad, deber ciudadano que nos piden que enseñemos a los estudiantes”.Otra forma es darles incentivos: Les da puntos por leer, por asistir a charlas, a librerías. “En la Feria del Libro de octubre les propuse que buscaran obras que después leímos en clases”. En esa lucha no se siente sola. Asegura que el prestigio del que goza el colegio es un logro de todo el personal docente. Pero, dentro de ello, destaca la labor de los maestros del área.“Hacemos conversatorios con escritores, como por ejemplo, Jorge Velasco Mackenzie, y ellos se quedan sorprendidos al ver que las alumnas han leído”.

Aún así, la corriente parece ser más fuerte que su empeño de remontarla. Y en la Universidad, el panorama no es mucho mejor. La especialización ha perdido preferencia entre los bachilleres, quienes ahora optan por Mercadotecnia o Informática.De las antiguas aulas que pasaban del medio centenar de apretujados alumnos, las clases ahora las imparte, en promedio, a una docena de estudiantes.Con ironía expresa que de seguir la tendencia, la facultad tendrá que cambiar de nombre, pues de su título de Filosofìa y Letras, ya no existe la primera y está agonizando la segunda. Allí, con sus colegas del área como Carole Peña de Rojas, Bolívar Moyano, Rodrigo Pesántez Rodas, Jorge Astudillo, entre otros, lucha por mantener el interés de los jóvenes.Una misión compleja, pues estos no son colegiales, sino futuros profesores y ella nunca ha sido partidaria de aprobar a quienes no tienen los debidos conocimientos. Decenas de ex alumnos pueden dar fe de ello. Pero a la vez, recuerda que con Carole Peña y la fallecida maestra Zoila Osorio, presentaron hace unos años un proyecto para crear un título intermedio en la especialización: el de tecnólogos en corrección de textos. “Pero esto no se ha concretado”.Con todo, destaca la aparición de un grupo con afición por la poesía, denominado ‘Reversa’. Eso sí, aunque los apoya, reconoce que esa presencia es espontánea, porque la facultad no forma escritores, sino maestros. “En el campo de la creación literaria allí solo trabaja Jorge Astudillo, en quinto curso, aunque a mí me hubiera gustado mucho hacerlo también”.Más aún, le habría gustado escribir, aunque un director de taller literario la hizo poner los pies sobre la tierra. “Había escrito una historia y estaba contenta con ella, pero él la leyó y después me dijo que mis personajes tenían demasiado de Dioselina”, cuenta sonriendo.Ella fue alumna de un taller con Miguel Donoso Pareja, a quien al margen de sus cualidades como escritor, le reconoce el valor de la generosidad y el título de maestro. “No es de los escritores que se envanecen y se creen superiores a los demás, sino que a la vez ha ayudado a formar a nuevos escritores”.Los amigos de ella saben que su pasión por la literatura alguna vez la llevó a querer convertirse en crítica literaria. En su momento, dice que compartió esa inquietud con Cecilia Ansaldo y Cecilia Vera de Gálvez. Pero ella tomó entonces una decisión clave en su vida: la opción por los pobres que predicaba en el país monseñor Leonidas Proaño, y que ella adoptó desde su rol como profesora.Eso significa que, como cristiana, no solo debe luchar porque la educación pública sea de calidad y de real acceso a los pobres, sino que su compromiso personal es a la vez el de ser cada día una mejor profesora. Esa es la filosofía y práctica de ‘Equipos Docentes’, una organización internacional de maestros de la que ella ha sido coordinadora y actualmente asesora.Tal decisión implicó darle al magisterio el tiempo que le hubiera querido dedicar a la crítica literaria. Pero al final no la alejó de su pasión por la literatura.Una pasión que se la provocó un autor francés. “Seguramente mi padre me habrá leído en mi niñez alguna de esas típicas obras infantiles, pero mi afición nació en la adolescencia, a los 12 años, con las novelas de aventuras de Alejandro Dumas”.Actual admiradora de Umberto Eco, Fernando Savater y José Saramago, entre los ecuatorianos su preferido es Jorge Enrique Adoum desde la época en que hacía crítica literaria.Hace unos 15 años, con ocasión de la asistencia del autor a un foro en la Casa de la Cultura, ella pidió de entre el público la palabra. Y cuando se la dieron, se tomó más de cinco minutos para leerle su análisis de ‘Entre Marx y una mujer desnuda’. Ya no recuerda si Adoum la escuchó o la ignoró, solo que ella leyó con el mismo entusiasmo de una ‘fan’ que lee una carta ante su artista favorito. (NT)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

MASTER ,
YO FUI ALUMNA SUYA DEL COLEGIO VEINTIOCHO DE MAYO SINCERAMENTE CON UD. APRENDI A VALORAR LA LITERATURA SU MANERA DE ENSEÑAR ERA UNICA YA QUE NUNCA ME SENTI PRECIONADA O ESTUDIABA POR PASAR,LE COJI AMOR A LA LECTURA Y QUE PENA ME DA QUE LAS NUEVAS PROMOCIONES DEL COLEGIO YA NO VEAN EN SEXTO AÑO ESA MATERIA .

POR FAVOR LUCHE PARA QUE EL HABITO DE LA LECTURA NO SE PIERDA .

Ma.de los Ángeles León dijo...

Querida maestra, jamás olvidaré lo aprendido en las aulas del 28 de Mayo, en sus clases de literatura, el afán y el entusiasmo por el vivir cada palabra descrita en los libros nos transportaban a aquellas vivencias, gracias por haber sido parte de mi aprendizaje y mi formación a través de sus clases. Siempre tendrá mi mayor estima y consideración...