24 marzo 2008

GALARDÓN PARA NUESTRA QUERIDA CARMEN VÁSCONES
Por: Siomara España
Carmen Váscones , ésta gran poeta ecuatoriana ha logrado, entre una amplia cantidad de concursantes, el segundo lugar en el concurso “BENDITO SEA TU CUERPO” patrocinado por la CASA DEL POETA PERUANO y la revista OLANDINA, sin duda un gran logro para la poética ecuatoriana y un justo reconocimiento a la obra de nuestra querida Carmen.
Ya en este mismo espacio publicamos hace algún tiempo una reseña de la valiosa obra de esta poéta, una mujer que con su metáfora maleable va tejiendo y enmarañando cuerpos hasta envolverlos en una sensualidad a través de su verbo sensitivo y sensorial donde las palabras sugieren con elocuencia cabal el deleite de los cuerpos y los sentidos.
En su poemario "La muerte, un ensayo de Amores"(1991) Carmen Váscones ya nos seduce en uno de sus poemas:

"... el deseo se inventa todos los días
el deseo se desnuda en cada cuerpo
el deseo se pronuncia
(un deso siempre en todo caso)
las palabras surgen de repente
se desbordan,
se contraen,
se aquietan.
estallan
continuan."
Un gran abrazo a la querida amiga, y un inmenso salud a su poesía.
LA EDAD Y LOS JOVENES
Por: Ana Minga
No debería detenerme en necedades, pero ya que a algunos habitantes del planeta les gusta clasificar, especificar, ordenar, jerarquizar, por sexo, edad, estatura, raza, profesión, estado civil, premios obtenidos, etcétera… Diré algo. No analizaré todas las categorías antes expuestas, solo me referiré a la edad, ya que algunos jóvenes no podemos perder tiempo.
Pero cómo así los jóvenes no pueden perder tiempo, si por ser jóvenes tienen todo el tiempo del mundo, me dirán, y les responderé, que los hechos trascendentales no vienen empaquetados para distintas edades, simplemente pasan.
Hace un mes, otro amigo se fue de aquí, no cambió de ciudad ni de país, simplemente se fue, dejándome el mejor consejo: la muerte no conoce edad. Esta frase ya la había escuchado antes, pero él con su acto, la engrandeció para sus conocidos, que vestidos de negro lo despidieron.
Creo que el proceso normal, es que un ser humano sea niño, sea adolescente, sea joven y cuando llegue a ser adulto, sea alguien y mejor aún, si llega a ser alguien cuando sea viejo. Si un niño, adolescente o joven, intenta figurar de ser humano, es visto como fenómeno y se escuchan frases como estas: “tan jovencito y ya...Qué edad tienes, ah, pero todavía eres una niñita…”
Niño, adolescente, joven, adulto, viejo, supongo que estas categorías son dadas por los años que se van cumpliendo, por el tiempo que forma arrugas en la piel; pero qué pasa cuando emocionalmente y algunas veces, intelectualmente, el niño es un viejo, y el viejo es un niño y el adulto nunca dejó de ser un adolescente… ¿Los “críticos” de la edad (disculpas por ser ambigua y no dar nombres, pero sería una lista muy larga) pensaron en esto? ¿En dónde ponemos a los que no se reflejan en su edad?
Claro que los críticos no lo pensaron, justamente porque las clasificaciones son simplificadoras e impiden pensar. Es que pensar significa desenrollar cada caso, de manera diferente y especial, es decir, un ejercicio de pocos.
En la vida diaria a muchos jóvenes nos toca pelear duro, ya no hablo de llegar a consensos, pues la edad, según dicen, no lo permite, pues somos inmaduros por excelencia. Que otras personas por haber vivido más tiempo en esta tierra, tengan más experiencias acumuladas, es otra cosa, pero no necesariamente el conjunto de experiencias de todo tipo lleva a la madurez, en algunos casos.
Las peleas que nos toca dar desde nuestra edad, son fuertes, ya que no somos dignos de confianza y muchas veces, ni de respeto. Recientemente alguien me preguntó: sabes quién es la señora Ana Minga, de la que se habla en este texto. Cuando se dio cuenta de que estaba hablando con Ana Minga, de que yo era, me quitó lo de señora, se desinfló y me vio como si fuera una jovencita en medio del desierto.
Hoy le pregunté a una artista cuánto tiempo lleva en su arte, y otro individuo me dijo: “no le pregunte eso, ella lleva toda su vida en el arte, pero a una dama no se le pregunta la edad” Cuando alguien me pregunta la edad, yo le respondo, acaso ¿será que no soy dama, y por eso me lo preguntan y por eso les contesto?
En fin, admiro a las personas que no se fijan en los años que están atravesando una conversación, y por qué no decirlo, una relación, pues esta vida es única y perderla en clasificaciones, no es una opción inteligente. Aunque lo que voy a decir es algo terrorífico, se debería existir como lo hacen los muertos, nunca pasivos, claro, pero con esa relativa tranquilidad que les impide cumplir años.
Cuando no miran a los jóvenes con lástima por su poca madurez, los miran con condescendencia, como si uno de sus méritos fueran las equivocaciones, propias de la juventud e incluso, otras veces son aplaudidos pues para su corta edad, su trabajo es más que suficiente. ¡No señores, el rigor, tanto profesional como personal, debe ser en todo momento!
Ahora bien, en la literatura, toda persona que se meta en este laberinto, unas veces bendito y otras infernal, siempre tiene que estar perfeccionándose, leyendo, escribiendo y sobre todo, leyendo más y más, sin envidias por su prójimo.
En estos días me llegó un comentario realizado por una "crítica" guayaquileña, quien había dicho que a los jóvenes poetas nadie los lee, porque escriben solo para ellos, que deberían escribir para el público. ¡Mentira! A los jóvenes poetas, y escritores en general, sí se los lee y las lecturas son hechas por gente de todas las edades. Que les falta leer más, escribir más y figurar menos, puede ser.
Que para llegar a ser como los grandes escritores que han traspasado edades, nos falta, también es cierto, nos falta mucho. (Más aún aquellos que se creen con su poco esfuerzo, padres de la literatura ecuatoriana).
También he escuchado: “Estos escritores no son como los de antes”. Claro que no, nadie es igual, pero esto no se debe a la edad, sino a las situaciones y a la preparación individual, entre otras cosas.
Cómo no querer que sigan vivos: Huidobro, Borges, Cortazar, Hesse, Palacio, Bukowsky, Arlt, Camus, Pizarnik, en fin, tantos, entre ellos Roberto Bolaños, que desde que apareció en mis lecturas, lloro, porque algunos indeseables siguen existiendo, mientras él, con su rostro simpático y su palabra lúcida, también se ha marchado.
Como no añorar a los grandes… como no conversar con los que seguirán ese sendero, pero como tener el atrevimiento de querer matar a los pequeños, a los que nos falta en trabajo, no en edad, continuar moldeando la palabra. Que no hay jóvenes consagrados en literatura, también es cierto. Hasta el momento se escribe todavía no se consagra a nadie y por cierto, que no se lo haga, pues la manera que en el Ecuador se consagran las personas, en muchos casos, no en todos, es dudosa.
En hora buena, yo no soy joven, pues todavía escucho canciones de cuna, solo espero que cuando me llegue la categoría de las arrugas, si es que alcanza a llegar, yo no tenga el atrevimiento de mirar a los jóvenes con inmensa envidia y por encima del hombro.