31 julio 2008

NUEVA EDITORIAL Editorial Alpamanda empieza con pie firme dentro del campo literario ecuatoriano, tres títulos empiezan a desfilar por este sello interesado en apoyar y difundir la literatura y sus autores, a la vez que promueve nuevos talentos en el campo de las letras y las artes.
Aquí las primeras publicaciones que inaguran este sello editorial:

Analisis de las obras:
“Tengo algo que decir… 1968-2008”
La nueva obra de la escritora ecuatoriana, residente en París parte del recuento de lo que ha sido históricamente el anhelo juvenil “del cambio”; resume no solo el contexto histórico mundial y francés en el cual se produjo el movimiento de ruptura de Mayo del 68, sino que lo interpreta en sus distintas dimensiones. Se extiende analizando las revueltas a través del mundo en el decenio de los 60, y concluye debatiendo su herencia y efectos cuyo eco llega hasta nuestros días.El texto lleva el prólogo del intelectual francés Claude Couffon, quien afirma que en Tengo algo que decir... 1968-2008, Rocío Durán Barba “tiene el acierto de ubicar los acontecimientos de Mayo dentro del contexto de la época en Francia, Europa, los Estados Unidos y América Latina y, analizándolos a partir de la inmensa documentación que existe, logra comunicamos la amplitud de los eventos y su herencia que se prolonga hasta nuestros días",“Las páginas desfilan bajo una visión múltiple -dice Couffon- en las que Rocío Durán-Barba se revela como historiadora, socióloga, periodista, politóloga; sirviéndose de una pluma desbordante de pasión y de poesía. Lo importante, más allá del análisis crítico que contempla, es la voluntad de la autora de dar realce a la dimensión histórica y cultural del movimiento del 68. Ella nos transporta con fervor al centro de una revuelta de lo imaginario estampada de aspectos surrealistas que se tradujeron en las inscripciones que aparecieron en los muros de París y de los recintos universitarios, al centro de una revuelta hecha de pronunciamientos iconoclastas sobre el sistema educativo, la vida burguesa, el autoritarismo, la segregación sexual, el orden, los tabúes...”
LOS POEMARIOS "ALIVIO DEMENTE" y "CONPLEZO DE CULPA"
fueron presentados en el marco de la EXPOLIBRO 2008
Prologo de :
"ALIVIO DEMENTE"

Toda voz poética ha de tener, a más del público oyente o lector, un destinatario. Que puede ser uno sólo, en trance de intimista, o lo colectivo si se trata de un mensaje de contenido social: En el primer caso el autor entra en su propio o íntimo confesionario para decir su secreto a grandes voces. No precisamente para descargarse de culpa ni para desgarrarse las vestiduras, sino para entablar un diálogo, algo así como un monologo coloquial, perdonando la paradoja, con el ser que ha concitado el amor o el deseo, o esa propia identidad que va pretérita y presente rescatando del olvido. Desde su primera obra, CONCUPISCENCIA, que tuve la satisfacción de presentar en su lanzamiento Siomara nos llega ahora con su segunda entrega “ALIVIO DEMENTE”, el fruto de una pasión no escrita efímeramente sobre al agua o la liviana arena, sino con el firme propósito de llegar a lo perpetuo a través de las paginas impresas. Y no se trata, digamos, de esas “segundas partes que nunca fueron buenas”, sino de una legítima tentativa de reinventarse con nuevos recursos en la riesgosa función de la escritura. En realidad la poeta, que ha de cumplir a cabalidad el conocido axioma de Heráclito, no puede bañarse dos veces en el mismo río. De esta suerte el suyo es un nuevo ejercicio creador (inédito al momento de escribir estas líneas) que la obliga, aunque se trate de una temática obsesiva, a ir recogiendo y repitiendo instantes, que van de la vivencia a la experiencia, pues, sin caer precisamente en lo anagramático es rotunda en la síntesis y en esa suma de instantes que rescata del entrañable pasado, con una memoria que no brota solamente de la conciencia sino sobre todo de la propia piel instintiva e intuitiva. También vale destacar que los oficios del amor, y hasta de la cotidianidad de la mujer poseída por la materia y las circunstancias que pasa a ser poseedora en el momento de recordar, añorar y registrar poéticamente los hechos donde se imbrican la ternura y el deseo, la curiosidad y el miedo, el estar en medio de la vida y la muerte, no son los únicos componentes de toda esta estructura poética armados con signos y códigos tan personales. Y es que mas bien, Siomara hace uso de lo carnal y erótico, de lo común y extraordinario para, con ahorro de palabras y el uso de imágenes precisas, descubrir y proyectar la sustancia mágica de la pócima ya bebida de donde sucede que los terceros de este eterno “triángulo vital”, o sea, los usuarios de esta obra de grandes destellos líricos pasan a ser los beneficiarios de un mensaje con que la autora la emprende, además, contra el prejuicio, la pacatería, y la prosaica. Fernando Cazón Vera Junio del 2008
Poesía:
LA CASA VACÍA
no
invites a
nadie a nuestra casa
pues repararan en
puertas, paredes, escaleras
y ventanas, mirarán la polilla en los
rincones, los cerrojos oxidados, las lámparas
ciegas, arruinadas. no traigas a nadie
a nuestra casa pues no tendrán más
que angustia de tu mesa,
de tu cama, del mantel,
del mobiliario, se reirán de
pena por las tazas, fingirán
nostalgia
de mi nombre
y reirán también de nuestra hamaca.
No traigas más gente a nuestra casa
pues te escribirán canciones,
te entusiasmaran el alma,
te susurrarán traviesos,
sembraran una flor en tu ventana.
Por eso no debes, te lo ruego,
traer más gente a nuestra casa
pues se pondrán rosados,
verdosos, rojizos o azulados,
al descubrir paredes rotas
las plantas marchitadas.
Querrán barrer en los rincones
querrán abrir nuestras persianas
y encontraran seguro entre mis libros
las excusas perversas que buscaban.
No traigas mas nadie a nuestra casa,
así descubrirán nuestros absurdos
te llevaran lejos a otras playas
te contaran historias de naufragios
te sacaran a rastras de esta casa.
ELIPSIS
He de nombrarte
aun si te callan las palabras
por que seguiré tu rastro eterno
en la estrechez de los caminos.
Una infinita demencia
me ahuyenta de todos los portales,
de todas las ausencias
desde el vaivén de las ventanas
donde los gatos rehúsen ronronearte
también he de nombrarte. Aún con el bajel a cuestas
donde guardé la tierra de tu estirpe,
cáliz y calvario de mi carne,
también he de nombrarte.
Y cuando te ladren
los últimos sabuesos del infierno,
cuando en los bosques
los gatos iracundos
decidan sepultar tu nombre,
llegarás vencido hasta mi casa
que seguirá siendo
la morada de tu cuerpo y de tu sangre.
Encontrarás entonces
una sombra imperceptible
por que los huesos antes leves
entumecieron su camino hacia la sombra.
Flotaré por los rincones.
Y otra vez mis fantasmas doloridos
ocultarán mi cuerpo en los escombros
y aún en el silencio de la Estigia
vestiré mi voz para nombrarte.
Prólogo de "CON PLEXO DE CULPA "
A propósito de un gran Con Plexo de culpa
“Yo soy un sueño desplumado/ un verso agónico/ un rosario de esperas/ un suicidio anticipado.../”. Así, bajo la conceptuación que sin ningún pudor se complace en mostrar las entrañas más íntimas de una voz discursiva “caóticamente rota/ como una lágrima fotografiada/”, se presenta ante nuestra consideración lectora -cada vez más difícil de convencer-, Con plexo de culpa, poemario de la autoría Dina Bellrham (Milagro, Ecuador, 1984) cuyo contenido desestabilizante provisto de automatismos oníricos que con frecuencia afloran al lenguaje como imágenes definitivamente bellas, pero de alcances terribles - “como el grito de la niña/cuando viola a sus muñecas/...”- hace que la ubiquemos en un surrealismo de signo hiperbólico, de mayor evolución del que se dio en las letras europeas a principios del s. XX.
Actitud de agresiva ruptura, capacidad creativa de manifiesta originalidad, códigos lingüísticos de sorprendente cuño, son rasgos que percibimos en la poética de una voz joven que nos conmociona, más que conmovernos con sus frutos cáusticos, no exentos de afectividad, extraídos con dolor de los intersticios profundos de una sensibilidad extraña, palpablemente artística; por todo lo cual no vacilamos en afirmar que Con plexo de culpa se constituye en una de las muestras más válidas de la joven poesía ecuatoriana y, ya centrándonos en el género al que pertenece su autora, uno de los discursos más bulirantes dentro de la lírica escrita por mujeres ecuatorianas, por su reciedumbre amarga, funcionalmente literaria, en la que se generan versos viscerales como éste: “El suelo se ha vuelto puta en los zapatos/...”
Por Sonia Manzano Vela Julio del 2008
Poesía:
Yo soy la culpa
Yo soy la culpa
la traquea violada por ofidios
El insomnio
de los padres a la diestra.
Los destruyo
Como la rama de los fetos
Pendulados en el lago.
Perplejo quedas, Dios
Al verme tan distante
De tu vientre.
Arañas bipolares
Mis manos no entienden
su desnutrida ansiedad de enanos
ni estos ojos su inesperada esquirla
que deambula en su esqueleto de ruedas.
Huellas...
mi atrio es un jardín de dardos
cohesionando fotografías acres..
(la herencia del rapsoda triste)
Soy un piélago,
sueño las camisas de fuerzas
que llenaré de piedras
antes de hundirme.
Mis interrogantes bipolares se han nutrido,
el suicidio es mi orgasmo de té
acostumbro a despedirme en cada alba
y las palabras descansan en lupanares hambrientos.
-Terapia: EXPANDIR EL CÍRCULO-
¡Bah! los pies largos fraguan momentos (ovoides)
las náyades me creen una anciana prematura
Tal vez…
El pájaro renace en el lecho perdido:
-Perdón, nuestro amor era un calabozo de mapas,
el sabor de tu lengua ya me es ajena.
¡Y no hablé!
desde esa hecatombe me alimento de sismos
evaporo caricias en mi tálamo
para alguna vez sentirme impura.
He decidido tejer demencias
en mis plumas de cóndor níveo
sin ti prefiero llenar mi plato
con navíos de sobredosis.
¡Morir!
mi fin de rinoceronte
mi dolor de hormiga.
Estoy feliz.

15 julio 2008

EXPOLIBRO 2008
LA EXPOLIBRO DE GUAYAQUIL

Por: Ana Minga Macas
Aunque no con todo el presupuesto previsto, la III Feria del Libro de Guayaquil 2008, se realizó. El Ministerio de Cultura ejecutará otra Feria en los próximos meses y ojalá sea de calidad… A veces los regionalismos y las peleas absurdas entre el gobierno central con los gobiernos locales, quitan mérito a los actos cumplidos. La Feria de Guayaquil concentra a muchas personas, desde escritores internacionales y nacionales hasta el más honorable público: los mismos guayaquileños. Varias veces he escuchado: “Esos monos son tontos, es que en Guayaquil no les interesa la Cultura, nadie asistió a la Feria porque a ellos no les llama la atención los libros”. Incluso, la segunda vez que estuve en Guayaquil presentando un libro, debo confesar que fui con miedo, pensé que nadie asistiría. Es que a veces las murmuraciones suelen torcer la razón. Pero siempre es bueno constatar en carne propia la verdad para tener opinión. No solamente que algunos guayaquileños asistieron a la presentación del texto, sino que se involucraron con el acto. Y si vamos mucho más allá y hablo de algo más importante que mi libro, es decir, si me refiero a la Feria, debo aclarar que el año anterior, ésta se llenó y en esta ocasión, donde lastimosamente estuve durante pocas horas por situaciones laborales, también. Los guayaquileños van a comprar libros y no solamente pasan junto a ellos, mirándolos de reojo, como se cree. Y no compran únicamente libros de religión o de autoayuda (que resulta siendo lo mismo), también llevan obras de peso. Y si aún vamos más allá, para derribar las mentiras y estereotipos que se han creado sobre ellos, señalo que los guayaquileños suelen dirigirse entusiasmados a las respectivas exposiciones, charlas y presentaciones literarias. Y lo que es peor para aquellos mentirosos, los guayaquileños no asisten a los actos para quemar tiempo. De lo que he podido ver, en cada evento escuchan con atención lo que se dice desde el escenario. Pero no es de asombrarse como si ellos fueran un fenómeno, es decir, como si fueran cosas raras… pero si es bueno aclarar que Guayaquil tiene su interés por la Cultura, aunque a unos regionalistas no les guste la idea, pero qué pena, la realidad suele ser como un rayo. Las personas de Guayaquil leen hasta el punto de hacer pensar a Librimundi que sería correcto abrir otra sucursal. Insisto, hay excepciones y como siempre lo repito, no se puede generalizar, pero he tenido la fortuna de encontrarme con guayaquileños interesados por los mundos paralelos a la cotidianidad: literatura, escultura, pintura, teatro, danza, etcétera. Que hay muchas cosas que mejorar en la ciudad, es cierto, que las diferencias sociales son abismales, también es cierto, pero allí intervienen otros factores. Yo soy lojana, vivo en Quito pero quisiera marcharme a Guayaquil, por su gente, por la que sabe ser gente, por los que se han esforzado en convertirse en seres humanos. Me ha puesto triste el no haber estado presente en el homenaje que se le hizo dentro de la programación de la Feria, al periodista y escritor, Fernando Artieda, pero espero que sea una señal para que el próximo año, Artieda esté presente con su ‘Pueblo, fantasma y clave de Jota Jota’. Por cierto, a Guayaquil hay que agradecerle por haber parido a Julio Jaramillo, aunque en su momento fue maltratado. Hay que agradecerle también por su misterioso río, pues a pesar de los lechugines, continúa solicitando almas en pena. Y claro, como no agradecer la hospitalidad de su gente y de sus bares abiertos hasta altas horas de la madrugada, a pesar del susto de algunos moralistas. La palabra Batracio, es un insulto para los guayaquileños, pero que me disculpen, porque suelo utilizarla como sinónimo de cariño. Pero bueno, al lector no le interesa la tristeza de un fantasma, solo debo decir que es bueno conocer a esta ciudad (aunque ya parezca guía turística), y que para el otro año se ponga más interés en la Feria del Libro. Volver a Guayaquil y escuchar desde algún taxi a J.J. y al inquieto Sabina, siempre es un placer… Lamento no haber podido leer mis textos en la Feria, esto me ha puesto en jaque, porque el no leer en público me ha hecho pensar que tal vez el continuar escribiendo puede estar en peligro. Pero luego de una conversación con la soledad del cuarto y el trono que suele ser el retrete, las presentaciones en público, nada tienen que ver con el oficio de escribir. ¿Oficio? bueno, en realidad es más que eso, escribir es una vocación a la que no le pesa rezar versos en la madrugada. Dejar de escribir: ¡Nunca! Solo pensar en la posibilidad de dejar la única vida que he conocido como mía, me ha aterrado, he sentido un vértigo espantoso. Para escribir nunca me he sentido cansada y al tiempo que se lo lleva todo, justamente lo que uno más quiere, le he sacado canas verdes, porque ni los horarios de la rutina, me pueden impedir que siga con la tinta y el papel. Hubo un tiempo en que me sentía rara por escribir, incluso me negué a seguir, pero el desatino me duró poco, es que no hay como detener la cosa interna que quiere expresarse, aunque al resto poco o nada le interese. Ya ni modo, el escritor padece del eterno desasosiego y solo el arte, ese mundo paralelo, le puede dar la luz necesaria para entender que está perdido pero al mismo tiempo salvado, sin la intervención de ningún Dios o algún patrón, simplemente y complicadamente salvado por su pluma. Asumir que se escribe es difícil, pero llega el momento en que no se puede escapar, afortunadamente no hay salida. Si alguien se dice escritor que escriba, que corrija y que vuelva a corregir. La vida solo vale la pena cuando en ella se hace lo que uno quiere, cuando la adrenalina rompe los esquemas. La vida tiene sentido porque existen los libros, porque hasta Dios necesitó de la palabra para crear al mundo. El que se diga escritor debe morir escribiendo. La muerte es merecedora de un verso, incluso para quitarle su estúpido orgullo. Escribir, escribir, escribir a pesar de uno mismo. Ana Minga.