15 julio 2008

EXPOLIBRO 2008
LA EXPOLIBRO DE GUAYAQUIL

Por: Ana Minga Macas
Aunque no con todo el presupuesto previsto, la III Feria del Libro de Guayaquil 2008, se realizó. El Ministerio de Cultura ejecutará otra Feria en los próximos meses y ojalá sea de calidad… A veces los regionalismos y las peleas absurdas entre el gobierno central con los gobiernos locales, quitan mérito a los actos cumplidos. La Feria de Guayaquil concentra a muchas personas, desde escritores internacionales y nacionales hasta el más honorable público: los mismos guayaquileños. Varias veces he escuchado: “Esos monos son tontos, es que en Guayaquil no les interesa la Cultura, nadie asistió a la Feria porque a ellos no les llama la atención los libros”. Incluso, la segunda vez que estuve en Guayaquil presentando un libro, debo confesar que fui con miedo, pensé que nadie asistiría. Es que a veces las murmuraciones suelen torcer la razón. Pero siempre es bueno constatar en carne propia la verdad para tener opinión. No solamente que algunos guayaquileños asistieron a la presentación del texto, sino que se involucraron con el acto. Y si vamos mucho más allá y hablo de algo más importante que mi libro, es decir, si me refiero a la Feria, debo aclarar que el año anterior, ésta se llenó y en esta ocasión, donde lastimosamente estuve durante pocas horas por situaciones laborales, también. Los guayaquileños van a comprar libros y no solamente pasan junto a ellos, mirándolos de reojo, como se cree. Y no compran únicamente libros de religión o de autoayuda (que resulta siendo lo mismo), también llevan obras de peso. Y si aún vamos más allá, para derribar las mentiras y estereotipos que se han creado sobre ellos, señalo que los guayaquileños suelen dirigirse entusiasmados a las respectivas exposiciones, charlas y presentaciones literarias. Y lo que es peor para aquellos mentirosos, los guayaquileños no asisten a los actos para quemar tiempo. De lo que he podido ver, en cada evento escuchan con atención lo que se dice desde el escenario. Pero no es de asombrarse como si ellos fueran un fenómeno, es decir, como si fueran cosas raras… pero si es bueno aclarar que Guayaquil tiene su interés por la Cultura, aunque a unos regionalistas no les guste la idea, pero qué pena, la realidad suele ser como un rayo. Las personas de Guayaquil leen hasta el punto de hacer pensar a Librimundi que sería correcto abrir otra sucursal. Insisto, hay excepciones y como siempre lo repito, no se puede generalizar, pero he tenido la fortuna de encontrarme con guayaquileños interesados por los mundos paralelos a la cotidianidad: literatura, escultura, pintura, teatro, danza, etcétera. Que hay muchas cosas que mejorar en la ciudad, es cierto, que las diferencias sociales son abismales, también es cierto, pero allí intervienen otros factores. Yo soy lojana, vivo en Quito pero quisiera marcharme a Guayaquil, por su gente, por la que sabe ser gente, por los que se han esforzado en convertirse en seres humanos. Me ha puesto triste el no haber estado presente en el homenaje que se le hizo dentro de la programación de la Feria, al periodista y escritor, Fernando Artieda, pero espero que sea una señal para que el próximo año, Artieda esté presente con su ‘Pueblo, fantasma y clave de Jota Jota’. Por cierto, a Guayaquil hay que agradecerle por haber parido a Julio Jaramillo, aunque en su momento fue maltratado. Hay que agradecerle también por su misterioso río, pues a pesar de los lechugines, continúa solicitando almas en pena. Y claro, como no agradecer la hospitalidad de su gente y de sus bares abiertos hasta altas horas de la madrugada, a pesar del susto de algunos moralistas. La palabra Batracio, es un insulto para los guayaquileños, pero que me disculpen, porque suelo utilizarla como sinónimo de cariño. Pero bueno, al lector no le interesa la tristeza de un fantasma, solo debo decir que es bueno conocer a esta ciudad (aunque ya parezca guía turística), y que para el otro año se ponga más interés en la Feria del Libro. Volver a Guayaquil y escuchar desde algún taxi a J.J. y al inquieto Sabina, siempre es un placer… Lamento no haber podido leer mis textos en la Feria, esto me ha puesto en jaque, porque el no leer en público me ha hecho pensar que tal vez el continuar escribiendo puede estar en peligro. Pero luego de una conversación con la soledad del cuarto y el trono que suele ser el retrete, las presentaciones en público, nada tienen que ver con el oficio de escribir. ¿Oficio? bueno, en realidad es más que eso, escribir es una vocación a la que no le pesa rezar versos en la madrugada. Dejar de escribir: ¡Nunca! Solo pensar en la posibilidad de dejar la única vida que he conocido como mía, me ha aterrado, he sentido un vértigo espantoso. Para escribir nunca me he sentido cansada y al tiempo que se lo lleva todo, justamente lo que uno más quiere, le he sacado canas verdes, porque ni los horarios de la rutina, me pueden impedir que siga con la tinta y el papel. Hubo un tiempo en que me sentía rara por escribir, incluso me negué a seguir, pero el desatino me duró poco, es que no hay como detener la cosa interna que quiere expresarse, aunque al resto poco o nada le interese. Ya ni modo, el escritor padece del eterno desasosiego y solo el arte, ese mundo paralelo, le puede dar la luz necesaria para entender que está perdido pero al mismo tiempo salvado, sin la intervención de ningún Dios o algún patrón, simplemente y complicadamente salvado por su pluma. Asumir que se escribe es difícil, pero llega el momento en que no se puede escapar, afortunadamente no hay salida. Si alguien se dice escritor que escriba, que corrija y que vuelva a corregir. La vida solo vale la pena cuando en ella se hace lo que uno quiere, cuando la adrenalina rompe los esquemas. La vida tiene sentido porque existen los libros, porque hasta Dios necesitó de la palabra para crear al mundo. El que se diga escritor debe morir escribiendo. La muerte es merecedora de un verso, incluso para quitarle su estúpido orgullo. Escribir, escribir, escribir a pesar de uno mismo. Ana Minga.

4 comentarios:

gataeneltejado dijo...

Ana querida gracias por haber venido a la Expolibro, gracias por pertenecer al sinúmero de personas que cada vez más va desmitificando la Feria del Libro en Guayaquil y que a pesar de los embates de los pobres sufridores sigue avanti y cada año con mayor afluencia e interés de su gente. Eso es lo que verdaderamente interesa, fomentar la lectura.

Un abrazo grande desde este Manso Guayas que siempre estará para recibirte...

Marcela Holguín

Joe Hikaru Nogama dijo...

gracias por esas bellas reflexiones Ana, mucha verdad en tus palabras, al fin alguien dice la verdad sin tapujos e insultos

alexis cuzme dijo...

pleno, loca, te pasaste. Un saludo a la distancia, ya hemos de bajar unas bielas en el manso.

Anónimo dijo...

ESCRIBÍ, ESCRIBÍ SÓLO PARA NO MORIRME".DECÍA NERUDA.EL TONO DEL RETRETE YA LO USÓ EN OTRO TIEMPO RIMBAUD,PERO SIN DUDA LA FERIA DE LOS LIBROS , DEBERIA SER UN MUNDO CON LA MIRADA A TODAS LAS PROVINCIAS Y NO , UNA CENTRALIZACIÓN DEL EGOISMO...OJO!!, NO HABLEMOS DEL REGIONALISMO NI DE LAS ESTANCIAS LLENAS DE AUSENCIA...POR LO DEMÁS , SIN CAER EN LA FIGURACIÓN , HACE FALTA TOCAR EN LLAGA DEL PUEBLO Y CONTEMPLAR EL ESTIGMA QUE LOS TIENE EN ANONIMATO.hAY QUE SER COMO DIJO DÁVILA"EN TÍ MUERE MI CANTO POARA QUE EN TODOS CANTE".y ASÍ VEREMOS NO TANTOS ECÉPTICOS, NI TANTOS FANFARONES VESTIDOS DE AEDAS